
El amor de sí mismo
estrangulando
en verdes ocres
que revientan la bilis
no tiene dueño el mar.
Que azul provoca sendos
desparpajos de agriada
vino en la mesa
agua en la tabla
disfruto atardeceres.
Ocres brillantes
tras el mandil
cocinando alpujarras
sin estar en Granada
por aquella oliva vi.
Violeta la pasmina
pero sin línea
ni dibujando
más que un abstracto leño
tiene algo que contar.
Marrón como el de leña
auténtico anular
por donde cabe el aro
dando y soplar
el astrágalo.
Naranjo como masca
el chicle patrocina
juego de mesa
que atrofia el dedo
virutitas sabor.




























